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¡RESÚMAMENTE BUENO! Por María Natalia Sánchez.


¡Cindy… la sin dientes… sin rial! Así se anuncia, al tiempo que de un radio va sonando una canción, la misma canción que interpreta, para todos los que deseen y no deseen escucharla, en el natural escenario de los vagones del metro. Ella es una artista urbana, rapera, bastante conocida en la movida subterránea caraqueña; con videos en Youtube, ¡la de Internet!, anuncia luego de presentase. Sin embargo no es la clase de persona que uno se imaginaria ver en este tipo de oficio, su imagen y mucho más su edad destruyen rápidamente los constructos establecidos, esos estereotipos que nos vienen a la mente cuando en nuestro google personal, se colocan las palabras “rap metro”, generalmente aparecen resultados como “ hombre, joven, tuki, etc.” . Para comenzar, es mujer, algo que no es tan común, luego es rubia (a juro), ¡los raperos rubios están tomando el mundo!, y lo mas trascendental, el punto por el cual me vi impulsada, obligada, a escribir sobre esta dama; es una señora. Una señora de al menos cuarenta y tantos años, y que me perdone si me equivoco. Cuando la vi por primera vez no puede evitar pensar que nos pediría dinero, solo eso, una más de las muchas personas que deambulan por nuestras calles sin tener para la arepa, estaba cayendo en ese torbellino inevitable en el que uno se sume cada ve que ve algo que le recuerda que las cosas deberían ser de otra forma, que la vida no es justa y que las riquezas de tu país no están distribuidas como debe ser, que el gobierno que nosotros, Las marchas, los paros, la lucha, ¡las totumas! empezaba entonces un debate trasnochado de 5 min., un momento emo. Cuando ¡ZAS!, y no existe otra manera de describirlo, la señora empezó a rapear, al son de la pista de su CD, su demo, como ella lo llama mientras te invita a comprarlo, pensé: la Susan Boyle venezolana. Entonces el torbellino empezó a girar en sentido contrario elevándome, sintiéndome orgullosa de que exista tanto talento en mi país, de que las barreras establecidas fuesen tan fáciles de derribar; lo que te dicen, lo que sientes que no puede ser, aunque pueda; hay una edad, un lugar, una imagen, una clase social, incluso un genero preestablecido que nos impide acceder a tantas cosas.

Cindy, con su letra acerca de su marido feo, muy feo, me recordó que es posible, que de verdad si se quiere, se puede. Su aparición en ese momento, me hizo pensar que cuando uno se pregunta ¿Por qué no? Y no tiene ninguna respuesta convincente, o mejor aun, cuando tiene varias pero igual no le importa y va y busca lo que quiere (no aplica para choros) eso, eso es ¡resumamente bueno!

Y la calle esta llena de Cindys, todos hemos sido Cindys alguna vez. ¿Por qué no? ¿Por qué no soñar con ser astronauta? ¿Por qué no tener una Venezuela unida? ¿Por qué no crear una revista SIN SENSURA en la EIM que se llame El Archifonema? ¿Por qué no escribir “resumamente”?. Las razones son muchas, ¿y eso que? ¡Dale Cindy que tú puedes!

Entonces. Por María Natalia Sánchez.


Entonces… el movimiento estudiantil, un grupo de jóvenes que luchan por la libertad de expresión, por la libertad de los presos políticos, porque se respeten todas y cada una de las cosas que han sido pisoteadas en este país, contando entre ellas la dignidad venezolana. Salen a las calles, arriesgan sus vidas por sus ideales, se enfrentan a hombres y mujeres de armas con órdenes violentas y represivas. Todo por su país; por esa gran patria que todos amamos.


Pues bien, yo soy una estudiante universitaria que ha vivido más de la mitad de su vida bajo el mandato del actual “gobierno” y que le molestan las mismas cosas que a muchos otros, pero honestamente no veo una conexión muy clara entre pintar mis manos de blanco, pararme en una calle a gritar consignas y el cambio que quiero. Lo he hecho, sí, y es posible que vuelva a hacerlo pero reconociéndolo como un simple recurso psicológico para no sentirme ideológicamente sola en este mar de locuras rojas, rojitas. Y utilizaré esta catarsis masiva siempre y cuando no tenga nada mejor que hacer. Esto es, considerado por muchos, apatía, falta de valor, poco amor por el futuro de Venezuela, etc., pero es mi opinión personal, eso es todo. Prefiero luchar por mi país desde mi pupitre.


Verán, para salir a las calles hay dos opciones: o se dejan las aulas vacías o se deja de investigar algo o de vivir la vida normal de un estudiante universitario (y por normal me refiero a sin la carga política y social que tiene este país). Entonces si protesto por el futuro de Venezuela, ¿Qué pasa con el mío? ¡Que egoísta! Me han dicho, pues mis padres también formaron parte de una generación oprimida que luchaba por sus derechos y por su PATRIA (de una manera no tan pacifica y a veces más efectiva). En ese viejo movimiento murieron muchos, otros tantos dedicaron su juventud a luchar por estas nobles causas, y ahora ellos mismos son los opresores. Entonces si nos guiamos por ese patrón dentro de poco volveremos a caer en el mismo hueco (si es que en algún punto salimos de este).


El problema señores, y lo que me lleva a escribir esto, es que a veces me parece que muchos de los que pertenecen al movimiento estudiantil no se dan cuenta que las balas no son a lo único que exponen su vida, que no es a quedarse afónico por lanzar gritos (a oídos sordos por cierto); el mayor peligro contemporáneo, de lo que no podrán escapar, es el TIEMPO.


Cierto, algunos podrán llegar lejos políticamente, una carrera de éxito y el reconocimiento en los libros de historia (si se logra el cambio), pero muchos, la mayoría de hecho, en caso de que no se conviertan en mártires y pasen a la memoria nacional como símbolos, en una estatua y su nombre en una placa, sólo llegaran a ser uno más del montón, esa idea de masa luchadora, pero nada más. Cuando todo acabe, y si no colocan su vida en primer lugar y se les pasa la mano de “patriotismo”, serán mayores sin un titulo universitario, y cuando lo obtengan (si es que lo obtienen) serán viejos en el mercado laboral, ¿O es que se imaginan que cuando sean unos recién graduados a los 30 o 35 años los consideraran diferentes porque “lucharon por Venezuela”? ¡No, señores! aquellos que creen que son más héroes que los que nos quedamos en las aulas a luchar por este país, para que luego quizá quede algo que salvar y nuestros hijos se sacrifiquen nuevamente, ¡bájense de esa nube! Porque si no pisan tierra, terminarán como he visto a muchos que fueron “revolucionarios” (de verdad) en sus tiempos, pobres y denigrados por la misma sociedad que ellos ayudaron a forjar; con recuerdos de una época en la que fueron el orgullo de sus familias, de una gran parte de su país, pero eso se acaba.


Cuando estén de nuevo en una marcha llevando sol por su patria, piensen dos veces en lo que dejaron de hacer por estar allí y si su país lo vale (¡uy! ¡qué antipatriota!). Si lo vale, claro, pero salir a marchar no es la única manera de demostrarlo. Abandonar como muchos (no todos) su verdadera función como estudiantes para convertirse en un “estudiante pasivo”, no es la manera de querer a su país, ni de sacarlo adelante. Dar TODO por su país no es morir por él, es VIVIR (y prepararse para esta vida) por y con él. Muchos lo hacen y eso es lo que debe ser realmente aplaudido, eso si es ser ESTUDIANTE; porque sí en el futuro ustedes como individuos se nos quedan atrás, eso también es dejar atrás a Venezuela.

Esperando a fulanito


Por María Natalia Sánchez

¡Otra vez esperando a fulanito!.. ¡Y fulanito que no llega!... le mando un sms, le repico al cell, le mando un mensaje por Messenger a su Blackberry, un e-mail, una nota por Facebook, y mi tía empieza, con que en sus tiempos las personas eran mas confiables, -uno creía más en la gente, la gente creía más en uno, era todo más confiable. Se confiaba más. Si uno decía a las 3 estoy ahí… había que creerle porque no podía uno mandar mensajitos con esas equis por todas partes pa' decir que uno iba a llegar ¡una HORA tarde! ¡La gente era más confiable!- y con ese tono que casi todo el mundo conoce, repite lo que dice cada vez que fulanito llega tarde.


Ahora yo pienso, ¿cómo que la gente era más confiable y más confiada? Nosotros, las nuevas generaciones, amos y señores de esta tecnología casi imprescindible para nuestra vida social, somos los seres más confiados del planeta. Mi tía le hablaba a una persona de carne y hueso, así es muy fácil; yo también confiaría si fulanito me hubiese mirado a los ojos para decirme que estaría ahí. En cambio, le hablo a maquinas frías, (cuando no esta recalentada, claro está), confío en que toda esa maquinaria empresarial me ha hecho un buen equipo, confió en esos científicos que supieron utilizar sus conocimientos a mi favor; incluso, confío en los medios de comunicación y en la publicidad que dieron a conocer ese equipo a través del cual estoy próxima a comunicarme, confío en los organismos de control y protección al consumidor, confío, confío, confío. Envío mensajes que no se si son recibidos, que a veces ni siquiera se envían, confío en que esas redes, que nunca he visto no estén “caídas”. Luego hablo por Messenger, confío en que la persona que esta sentada al otro lado de la pantalla sea con la que yo creo que estoy hablando y que esos caracteres de dibujitos serán comprendidos; aunque debo reconocer que con una cámara y un micrófono esto no seria un problema. Repico para llamar la atención, o para que me llamen, confío en que entiendan lo que ese sonido solitario significa, (y en que no me atiendan para no gastar el saldo). Coloco mis fotos, mi información personal y hasta lo que estoy pensando en una pagina a la vista de todos, confío en mis “amigos” (más de 200). Vivo en un Narnia de píxeles. Un espejo mágico que me muestra rápidamente lo que quiero ver, donde quiero ir, y todo lo que deseo saber. Y así, todo se transforma en un mundo invisible, donde yo voy ciega creyendo que lo veo todo, cuando realmente no es así.


Y entonces me pregunto, cómo es que si con toda esta revolución tecnológica y esa carrera loca hacia el mundo de los supersónicos, lo que queríamos era acercarnos más a nosotros y a las verdades de la ciencia, si queríamos descubrir lo que está detrás de esas cortinas de misterio y disipar esa espesa neblina que nos perturbaba el paisaje de la realidad. Cuestionarlo todo. ¿Cómo es, si todo eso es cierto, que nos convertimos en estos seres que buscan la verdad en un poso limitado de mega bites infinitos? (y de paso me creo lo que dice Wikipedia). Ahora tengo acceso a la información del mundo entero “a un clic de distancia”. Pero ese pequeño impulso generado por mi dedo, puede estar separándome de mucho más de lo que me acerca. Es desde luego, más fácil administrar mi vida desde la PC, descubrir y recorrer el mundo. Y si, siento alegría cuando veo un bonito icono en mis mensajes, y tristeza cuando no me gusta lo que veo o escucho en un mensaje de voz, tal vez los sentimientos siguen ahí. Pero, lo que realmente me maravilla (como espectadora y no como objeto de estudio), es el hecho de que puedo hacerlo. Podría encerrarme en mi casa para siempre, y aún así seguiría existiendo, sintiendo y pensando, (mientras aparezca como conectada), para una parte del mundo. Pero, ese no es el mundo y a veces me parece que se nos olvida un poco, nos confiamos demasiado, pero es que así somos, vivimos en una eterna búsqueda, donde primero tenemos que perdernos, creer que vamos solos, para luego encontrarnos. Y con la tecnología es lo mismo, nos alejamos de los otros seres de dos patas con plástico para poder apreciarnos como a los cuadros de Seurat. Y así mientras espero a fulanito confío en que esta telaraña de cables y señales nos mantenga, al menos unidos para cuando decidamos encontrarnos realmente.


Mi historia

Por María Natalia Sánchez

Y ahí estaba, sintiendo como la vida se me escapaba, sabiendo que con cada movimiento mi vida se hacia mas corta, que cada palabra por mas sublime o insignificante, habría de condenarme a un final absoluto, pero no me importaba, no me importo aquella vez como muchas otras antes, no me importaba el saber que nunca seria el mismo, no me importaba nada.

Subíamos, bajábamos, juntos en una fricción constante entre su mano que sostenía mi cuerpo con una firmeza absoluta, esa seguridad de quien sabe que lo que toca le pertenece, podía sentir su calor, como el de tantas otras manos antes, ¡oh! Su calor, como olvidarlo, ¿como borrar lo que yo mismo he trazado aun sabiendo que me costaba la vida?

En aquellos momentos cuando sentía que ya no podría mas, ella me elevaba por los aires y hacia que sintiese de nuevo la vida, una vida escasa pero dispuesta a lo que ella quisiera. Los movimientos ya eran inútiles ella también sabía que el final estaba cerca, pero tampoco le importaba, me necesitaba ahí en ese momento para servirle, y yo estaba dispuesto, dispuesto a lo que fuese.

De pronto todo era calma, aun sentía la vida pero todo era quietud, en ese momento me llevaba hasta su boca acariciaba suavemente con sus labios todo mi cuerpo y me marcaba profundo y exacto con esos dientes que yo conocía bien, no era lo correcto siempre lo había sentido así, debo admitir que al principio me incomodaba un poco, pero ahora sabía que era su forma de decir “te necesito”, “dame lo que quiero”, era su forma de demostrarme cuan importante era para ella, podía sentir su necesidad, su miedo, su ansiedad, su… podía sentirlo todo.

Sentí aquel aliento como nunca antes porque sabía que este era el último y enseguida el movimiento continuo, esta vez era, el más salvaje y violento de toda nuestra historia juntos, porque también ella estaba por terminar.

Izquierda, derecha, arriba, abajo, estaba todo confuso, estaba cansado, un par mas de vueltas, un poco mas de violencia, su ansiedad aumentaba ya no podía mas, no importo cuantas veces me sujeto en el aire firme, con mas y mas fuerza, ese era mi fin, ya no salía de mi esa tinta que ella tanto ansiaba, ya no podía servirle más a ninguno de sus deseos profundo y ocultos, esos pensamientos, esos pecados mortales, pecados de los que solo yo era testigo.

Con una furia indescriptible me tiró a un lado, sin importarle nada, para ella solo era pasado, solo era algún objeto inservible que ya no era útil, que ya no importaba. En ese momento y desde ese momento ya no soy nada, aunque ella para mi lo es todo, lo fue y lo seguirá siendo, aunque ahora no sea más que basura bajo su cama, basura de la que ni siquiera se ocupa, basura reemplazada por un bolígrafo nuevo.

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